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Por qué los ataques basados en el navegador se están convirtiendo en un gran riesgo para los endpoints

Descubre por qué los navegadores se han convertido en un punto de entrada para los ataques y cómo proteger eficazmente tus endpoints.

En los entornos corporativos actuales, los navegadores se han convertido en uno de los puntos de entrada más activos en los endpoints. Están en el centro de los flujos de trabajo diarios y actúan como puerta de acceso a aplicaciones SaaS, servicios en la nube y recursos críticos del negocio, lo que los sitúa muy arriba en el radar de los atacantes.

Según el Internet Security Report de WatchGuard (Q2 2025), el 17,05% de los ataques a endpoints se originaron en navegadores, lo que supone un aumento del 5,54% respecto al trimestre anterior. En muchos casos, estos ataques se apoyan en extensiones del navegador aparentemente legítimas, que solicitan permisos innecesarios y actúan como punto de entrada inicial, especialmente en navegadores muy utilizados como Chrome. Como esta actividad parece segura y se integra en los flujos de trabajo habituales de los usuarios, a menudo logra esquivar los controles de seguridad tradicionales, generando una brecha crítica entre el lugar donde empieza el ataque y donde finalmente causa el daño. Esto plantea un reto para las organizaciones: cómo detectar y frenar una amenaza que se inicia en el navegador antes de que se ejecute y tenga impacto en el endpoint.

Los navegadores como vector de ataque persistente 

Los navegadores son hoy esenciales para acceder a aplicaciones corporativas, gestionar identidades, descargar archivos y ejecutar procesos que interactúan directamente con el sistema operativo de la organización. Este nivel de integración los convierte en un punto de entrada especialmente atractivo para los atacantes, en gran medida porque pueden ocultar actividad maliciosa dentro de comportamientos aparentemente legítimos. A diferencia de otros vectores de ataque más directos, los ciberdelincuentes que utilizan el navegador no siempre buscan una explotación inmediata. En muchos casos, el objetivo es establecer persistencia mediante el abuso de extensiones del navegador que parecen legítimas pero que, una vez instaladas, solicitan permisos excesivos y acceden a información sensible o a funcionalidades críticas del sistema. Como estas amenazas operan dentro del flujo de trabajo habitual del usuario, pueden pasar desapercibidas durante largos periodos, dando a los atacantes tiempo de sobra para causar daños.

El reto para las organizaciones es que este tipo de ataque no encaja en los modelos tradicionales de detección. No hay archivos o comportamientos claramente maliciosos que puedan identificarse fácilmente mediante firmas. El abuso de permisos, las técnicas sin archivos o fileless y la comunicación con servicios externos se camuflan dentro de la actividad normal del navegador, lo que dificulta distinguir entre un uso legítimo y un comportamiento malicioso. Además, como este vector de ataque está impulsado por el usuario, los controles preventivos por sí solos no siempre son suficientes. Por eso, disponer de una solución de detección y respuesta en el endpoint (EDR) ya no es opcional, sino es imprescindible.

Los endpoints como punto de decisión y control 

Aunque el navegador actúa como punto de entrada de un ataque, es en el endpoint donde el ataque se materializa. Es ahí donde se lanzan procesos, se accede a credenciales, se descargan archivos adicionales y se inicia el movimiento lateral. Por este motivo, una protección eficaz depende de la capacidad de detectar comportamientos comprometidos incluso en aplicaciones de confianza y de responder de forma inmediata.

Las soluciones EDR modernas van más allá de la prevención tradicional, ya que no se limitan a indicadores estáticos ni a firmas conocidas. En su lugar, analizan de forma continua el comportamiento de procesos, aplicaciones y conexiones en tiempo real para identificar desviaciones sutiles, incluidas técnicas fileless y el abuso de herramientas legítimas del sistema. Al combinar la detección basada en comportamiento con una respuesta automatizada, las amenazas pueden bloquearse en el punto de ejecución, reduciendo drásticamente el tiempo de permanencia y limitando el impacto operativo. 

Aporta aún más valor cuando la inteligencia del endpoint se correlaciona con señales de otros dominios, como la identidad, la red y los servicios en la nube. Esto permite a los equipos de seguridad identificar mejor patrones, priorizar los riesgos reales y acelerar la respuesta. Este enfoque convierte a los endpoints, de dispositivos pasivos a la espera de instrucciones, en puntos activos de decisión y en una capa inteligente capaz de aprender, adaptarse y actuar antes de que un ataque pueda propagarse.

El crecimiento de los ataques iniciados en el navegador refleja la realidad del trabajo moderno. A medida que más actividad legítima fluye a través de los navegadores, también lo hacen los atacantes, y el riesgo aumenta en consecuencia. La seguridad eficaz no consiste en añadir más productos o capas, sino en habilitar una protección proactiva mediante inteligencia coordinada. Cuando los endpoints funcionan como puntos de decisión inteligentes, capaces de aprender, correlacionar, comunicarse y responder, la seguridad deja de ser reactiva y pasa a integrarse de forma natural en las operaciones del día a día.