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Se están descubriendo más vulnerabilidades que nunca. Y eso es una buena noticia

Por qué las cifras récord de divulgación de vulnerabilidades son una señal de que el sector está más sano y cómo encaja la filosofía Firebreak de WatchGuard en este cambio.

Si has echado un vistazo últimamente a algún registro de vulnerabilidades, las cifras pueden resultar alarmantes. El Forum of Incident Response and Security Teams (FIRST) prevé ahora que en 2026 se publiquen alrededor de 66.000 CVE, frente a una estimación de 59.427 realizada en febrero y acercándose incluso a los 70.000 según algunos cálculos. Esto llegaría después de un 2025 récord, que cerró con aproximadamente 48.000 CVE divulgados, una cifra que ya suponía un fuerte aumento respecto a los cerca de 40.000 del año anterior.

Es fácil interpretar esta tendencia como una señal de que el software está empeorando. Pero no es así. Lo que indica es que el sector está empezando a encontrar vulnerabilidades que ya estaban ahí.

Por qué están aumentando las divulgaciones

Los propios investigadores de FIRST apuntan a una causa concreta: el uso de IA para ayudar a descubrir vulnerabilidades está sacando a la luz fallos que llevaban años presentes en código en producción. Solo la autoridad CNA de Mozilla registró un aumento del 164 % en las divulgaciones de CVE durante el primer trimestre, un incremento que FIRST atribuye directamente al uso de herramientas asistidas por IA sobre el motor de Firefox. El volumen de avisos de seguridad de GitHub también ha crecido un 449 % interanual. Nada de esto significa que el software se esté deteriorando. Significa que ahora tenemos más visibilidad. 

La parte más preocupante es que esa misma aceleración también está al alcance de los atacantes. Los ciberdelincuentes ya están utilizando IA de frontera para automatizar el reconocimiento, identificar posibles rutas de ataque y reducir a horas procesos de desarrollo de exploits que antes podían llevar semanas. Los datos lo confirman: el tiempo medio hasta la explotación de una nueva vulnerabilidad se sitúa ya por debajo de los cinco días, y más de la mitad de las vulnerabilidades críticas son objeto de explotación activa durante la primera semana desde su divulgación.

El verdadero riesgo nunca ha sido el número de vulnerabilidades divulgadas, sino el tiempo que transcurre entre el momento en que se descubre un fallo y aquel en el que se corrige. Y, durante años, los defensores han ido por detrás en esa carrera. 

Cerrar la brecha exige utilizar la misma tecnología que la ha creado

Ese desfase persistente está en la base de las nuevas inversiones de WatchGuard en IA de frontera, entre las que se incluyen su participación, anunciada recientemente, en el Daybreak Cyber Partner Program de OpenAI y en el Cyber Verification Program (CVP) de Anthropic. Ambos programas parten de una misma idea: la investigación legítima de vulnerabilidades, el análisis de su explotabilidad y la simulación de técnicas adversarias requieren razonar sobre los sistemas de una forma similar a como lo haría un atacante. Marc Laliberte, Head of Security Operations de WatchGuard, lo resume así: “Los ciberdelincuentes ya están utilizando estas tecnologías para descubrir vulnerabilidades y acelerar los ataques. Nuestra responsabilidad es garantizar que los defensores puedan beneficiarse de capacidades igual de potentes”.  

Este tipo de trabajo implica capacidades que los modelos de frontera restringen por defecto, salvo cuando una organización ha sido previamente validada y los procesos de verificación permiten habilitar ese razonamiento específicamente para equipos defensivos. Con esta idea en mente, WatchGuard ha decidido no apostar por un único proveedor de modelos. Como explica Joe Smolarski, CEO de WatchGuard: “El futuro de la ciberseguridad no se construirá sobre un único modelo de IA. Por eso estamos invirtiendo de forma decidida en todo el ecosistema de IA de frontera, para que nuestros equipos puedan acceder a capacidades avanzadas de distintos proveedores”. 

La filosofía Firebreak

Internamente, este enfoque tiene un nombre: la filosofía Firebreak de WatchGuard. Combatimos el fuego con fuego.

Cuando un incendio forestal avanza más rápido de lo que cualquier equipo puede contenerlo, los equipos de extinción no esperan a que llegue hasta ellos: se adelantan y realizan quemas controladas para eliminar el combustible de su trayectoria antes de que llegue el fuego real. Ese cortafuegos funciona precisamente porque utiliza la misma fuerza que pretende detener. Frontier AI desempeña ahora ese papel dentro de WatchGuard y se aplica primero sobre nuestros propios productos y defensas: para buscar vulnerabilidades en nuestro código, someter nuestras defensas a ejercicios continuos de red teaming, acelerar el trabajo de nuestros analistas del SOC y procesar inteligencia de amenazas a velocidad de máquina. Encendemos primero ese “fuego” sobre nuestros propios productos y en nuestros propios tiempos, antes de que pueda alcanzar a los más de 25.000 MSP y 1,5 millones de empresas que confían en WatchGuard. 

Qué significa esto para WatchGuard, sus partners y sus clientes

WatchGuard ya está aprovechando estas capacidades dentro de su propia plataforma, aplicando de forma proactiva la IA de frontera primero sobre sus propios productos y defensas. La compañía la utiliza para buscar vulnerabilidades en su código, someter continuamente sus defensas a ejercicios de red teaming, acelerar el trabajo de los analistas del SOC y procesar inteligencia de amenazas a velocidad de máquina. El objetivo es emplear la IA de frontera primero sobre los propios productos de WatchGuard y bajo sus propios plazos, antes de que las amenazas puedan afectar a los más de 25.000 MSP y 1,5 millones de empresas que dependen de sus soluciones.

Y hay un aspecto que conviene explicar con claridad: en una primera etapa, estos esfuerzos probablemente harán que aparezcan más hallazgos, no menos. A corto plazo, esto puede traducirse en un aumento de las vulnerabilidades divulgadas en los propios productos de WatchGuard, precisamente porque estas capacidades están haciendo aquello para lo que fueron diseñadas. No supone un retroceso, sino que responde al mismo patrón que se observa actualmente en todo el sector: cuanto mayor es la capacidad para analizar y detectar fallos, más vulnerabilidades salen a la luz y menos oportunidades quedan disponibles para que los atacantes las exploten.

La alternativa —confiar en que el ritmo tradicional de las revisiones manuales pueda seguir el paso de atacantes que ya operan a velocidad de máquina— ha dejado de ser una opción realista. Las cifras de vulnerabilidades divulgadas este año son una de las señales más claras de ese cambio.

La filosofía Firebreak de WatchGuard parte de una idea sencilla: utilizar esa misma tecnología que está transformando el panorama de las vulnerabilidades de forma continua y sobre las propias defensas, para reducir las oportunidades de explotación de los atacantes antes de que las amenazas lleguen al usuario final. 

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